• Carmen Cámara

A PROPÓSITO DE LAS COTORRAS


El otoño pasado fui atacada por una cotorra argentina cuando acababa de ser operada de una hernia y mi movilidad era reducida. El episodio no tendría mayor importancia, ya que no sufrí ningún desperfecto, si no fuera porque en ese momento estaba enfrascada en la escucha de una conferencia sobre Heidegger y el "Dasein", en la que el profesor que la impartía estaba hablando del ser que es arrojado al mundo, y de inmediato me invadieron sentimientos de orfandad y vulnerabilidad inconmensurables. De repente me di cuenta de que, efectivamente, yo era un pobre "dasein" indefenso e iluso, que todavía manejaba conceptos como la esperanza, el deseo, el futuro, la transcendencia... cuando el único concepto verdadero era la nada. ¿De donde había salido todo lo que me rodeaba? De la nada. Dios era la Nada. Pasé unos momentos de angustia, impactada por la violenta reacción del volátil y la mía propia, pero poco a poco volví a la inercia habitual, incluida la conferencia. Es curioso como los "seres ahí" vivimos ajenos a "la pregunta". Para el artista debería ser una obligación no caer en la rutina, no preocuparse por lo material, no buscar la aprobación, incluso volverse invisible y concentrarse únicamente en "la pregunta"....Pero afortunadamente están las cotorras, las bandadas de cotorras que nos invaden, nos molestan con sus vuelos rasantes y sus estridentes e intempestivos cacareos, devolviéndonos a la realidad del afuera.

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