• Carmen Cámara

#El aura...existe?


Porque el aura esta ligada a su aquí y ahora, del aura no hay copia. (Walter Benjamín)

Me considero una buena catadora de auras, aunque no creo que esa especie de experiencia mística en que consiste su disfrute sea irrepetible ni lejana. Además, tampoco creo que del aura no se puedan hacer copias, reivindico aquí la dignidad cultual del “envoltorio”. Dice el crítico de arte americano Harold Rosenberg en su libro “Obras de arte y envoltorios”, que la creación típica (archetypal) de los media es el envoltorio, contenga corn flakes, motores de coches o cuadros de Pollock. El envoltorio (libro, catálogo, documento...) es el medio idóneo para que el arte y el público, incluidos intelectuales y artistas, se encuentren y retroalimenten el uno al otro. Así pues, si lo que queda del arte es el catálogo, la reproducción, el documento, o su copia, legalizada o no, el aura se cuela a través de ellos. Tomemos la famosa foto de Ives Klein saltando al vacío en una calle de Paris ( este ejemplo es paradigmático porque la foto fue pensada para ser reproducida), al mirarla siento como el aura resplandece y el mito se agiganta. Esto es así porque lo verdaderamente importante es la imagen, trucada por cierto, no si el acto ocurrió o no. Según Benjamín, el aura desaparece en el instante mismo de producirse el hecho que la foto inmortaliza, mala suerte si no se pasó por allí en ese momento, porque el aura se esfumó al instante.

Sin embargo, cuando veo la Mona Lisa en las páginas de un buen catálogo, siento el mismo escalofrío que si hubiese esperado horas en una cola para contemplarla; pero entonces pienso en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” y me siento parte de esa masa trituradora de auras.

Recuerdo el día que viajé a Filadelfia solo para ver El Gran Vidrio de Duchamp, la emoción me embargaba al entrar en el museo, subí las escaleras como si fuese a encontrarme con Dios, y cuando por fin estuve delante del divino icono, ¡¡ OH desilusión!!! El artefacto era mucho más pequeño, liviano, femenino, frágil de lo que lo había imaginado. El aura de la

”máquina soltera” más famosa del mundo había caído hecha añicos ante mis incrédulos ojos y tuvieron que pasar algunos años antes de que el mito volviese a ocupar en mi imaginación el añorado pedestal.

Tengo muy claro a lo que aspiro como artista, me conformo con encontrar una imagen propia que acabe convirtiéndose en icono, un fetiche que desprenda "aura" allí donde se reproduzca.

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